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Buscando oro en el Parque Periurbano Dehesa del Generalife

Nuestro querido río Darro y el Parque Periurbano Dehesa del Generalife marcan el terreno por el que nos moveremos para buscar algunos de los restos de “la fiebre del Oro granadina”.


28.04.2014 ||

Si tienes un rato libre y quieres buscar fortuna no dudes en remangarte los pantalones y con palangana en mano buscar el oro al estilo de las viejas películas del oeste. Si no es una salida a tu situación económica, seguro que al menos te refrescas los pies.

Si las palabras no llevan a engaño, como sucede en ciertas ocasiones, basta estudiar la etimología del nombre de nuestro río y estar un poco avispado para empezar a soñar con el dorado. Traducimos de los musulmanes como “de oro”  al cauce que posteriormente, ya en época cristiana, fue llamado Dauro, de igual traducción. Lamentablemente para el orgullo granadino, en la actualidad el vocablo local darro hace referencia a las aguas residuales, imaginaros a que se debe esta acepción, uno de los motivos que en su época se esgrimió para la canalización del río en su tramo urbano. ¿es qué no se podía hacer otra cosa?

Si nos dirigimos hacia el Llano de la Perdiz, a pie o en bici, olvídate del coche, por favor, al poco de salir de la zona de la Alhambra ya estaremos en el Parque Periurbano Dehesa del Generalife. Perteneciente a la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía, este espacio natural, situado en la proximidad del núcleo urbano de la ciudad de Granada supone un espacio de gran importancia recreativa. Este carácter lúdico y ocioso es la mayor característica de los Parques Periurbanos, sin olvidar la gestión para no degradar sus características ambientales, en las que nosotros, como usuarios de la zona también tenemos nuestra responsabilidad. Sus cuatro ecosistemas dominantes– que atravesarás en este paseo-, olivar, pinar de repoblación, encinar y bosque de ribera, junto con todos sus componentes, bien merecen unos cuantos paseos por la zona. Hoy, la búsqueda de los restos auríferos más cercanos al cauce del río Darro nos van a servir de escusa para adentrarnos en este territorio de cerca de 500 hectáreas.

Como toda buena fiebre, la del oro, acontecida en la zona de California a mediados del siglo XIX tardó poco en expandirse. A los pocos meses llegó a una ciudad en la que sus antecedentes históricos ya comentados y una necesidad imperiosa de salir de la miseria fueron el mejor caldo de cultivo. La loca carrera por el oro supuso la instalación en cuestión de un par de años de cerca de medio centenar de criaderos de oro, situados principalmente en el Cerro del Sol, Jesús del Valle y Umbría del Generalife. Cómo es lógico, este boom no pudo ser mantenido durante mucho tiempo, y la crisis llegó en el 1869, lo que originó el cierre de casi todas las explotaciones.

Cuando todo parecía olvidado y la fiebre se curaba, un empresario llamado Gaumpil, construyó el Canal de los Franceses, 16 km de longitud que debía llevar el agua desde el río aguas blancas hasta una balsa. Con esta agua embalsada se lavaban las arenas del cerro del Sol. Tras comerse el cerro, el lodo formado por el agua a presión y las arenas se pasaba por unos canales escalonados hasta llegar a una fosa donde se iban separando los residuos de oro por decantación.

El proyecto de Gaumpil fracasó económicamente, y tras pasar por varias manos el canal y las instalaciones anexas (que puedes ver si desde el Cerro de los Arquillos coges la pista hacia Cenes) pasaron a manos del Ayuntamiento de Granada, quién abandonó todas las infraestructuras a excepción del canal que se sigue utilizando en la actualidad para llevar el agua del río Aguas Blancas a la potabilizadora que luego distribuirá el agua a nuestras casas.

Pero ahí no quedó la fiebre, pues las necesidades de la época de postguerra posibilitaron ver, hasta 1955, personas que humildemente se ganaban algo de dinero bateando las arenas del Darro, estos mineros llegaban a trabajar incluso debajo del embovedado del río.

Según Clemente Rubio, en su libro descriptivo Viaje a Andalucía, Historia Natural del Reino de Granada describe:

“ El que ahora saca oro se va al río por las mañanas y se vuelve a casa a las tres de la tarde con 6-8 reales de oro, que vende a los plateros, y como buen andaluz no vuelve al río hasta que la necesidad le obliga a repetir este delicioso trabajo”….”se supone que en todos tiempos ha dado oro el Darro y es natural que haya dado más en remotos tiempos, de aquí el nombre de Daurus que le dieron los romanos y la corona de oro que se dice presentaron a Carlos V cuando vino a Granada formada por oro del Darro”.

Tópicos ancestrales aparte, que ya es hora de abandonar, lo dicho, si ellos pudieron seguro que tu puedes, ármate de paciencia, coge una palangana y lánzate a la búsqueda de la diosa fortuna. ¡Suerte!

Pedro Rosellón Dueñas. Codirector de IDEA

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